Cuando comiencen a practicar zazen les daremos referencias sobre el cuerpo y la postura porque en realidad el hombre común no sabe orientarse dentro de sí mismo. No sabe dónde se encuentra el norte, el sur, el este y el oeste, y sin embargo el descubrimiento del microcosmos comienza con el descubrimiento del equilibrio del propio cuerpo.

No sabemos orientarnos, no sabemos cómo funciona nuestro ser y tenemos una idea muy vaga de lo que realmente somos, que nada tiene que ver con la intimidad que cada uno pueda tener consigo mismo. Se existe a través de una situación social, pero existir por dentro es otro asunto. Es por eso que al principio, cuando comiencen zazen, se les darán puntos de referencia concretos para ayudarlos a reencontrar la orientación dentro de ustedes mismos. Por ejemplo: la cabeza bien derecha sobre los hombros, el mentón hacia adentro, la nuca estirada, la nariz en la misma línea vertical que el ombligo, las orejas y los hombros en un mismo plano, las rodillas bien plantadas en el suelo, la pelvis ligeramente basculada hacia delante dejando la curva natural de la columna al nivel de la quinta vértebra lumbar.

Por la práctica de zazen descubrirán poco a poco la relación de interdependencia que existe entre las diferentes partes del cuerpo y la influencia directa de la actitud corporal en la conciencia. Así, esta práctica no sólo construye y consolida  los puntos de referencia fundamentales de nuestro ser sino que también reparte en nosotros la energía máxima para llevar una vida intensa. Cuando liberamos una parte de nuestro cuerpo liberamos también una parte de nuestra conciencia.

Luego, espontáneamente, descubrirán las funciones y el poder inmenso de la respiración, abriéndose así las puertas de la toma de conciencia de lo que es la energía, función vital común a todo el universo que debemos aprender a centrar y a equilibrar en nosotros mismos, inconscientemente, naturalmente, automáticamente. La vida espiritual no puede existir sin una raíz profunda. Zazen no sólo crea estas raíces sino que nos abre la gran puerta que da acceso a una vida infinita.

Evidentemente, la práctica de esta postura provoca, durante su evolución, una lenta y progresiva modificación de nuestra vida cotidiana. Dicha modificación se origina en un despertar profundo a la vida cotidiana a través de nuestra práctica. El zazen no es ni muy  fácil ni muy difícil, pero requiere un poco de esfuerzo y mucha perseverancia.